La razón de Faenna
Hablamos con la rapera malagueña, que se presenta en Bogotá este 29 de mayo, sobre su álbum Hasta mañanita si Dios quiere, lo incierto del futuro y la música que la acompaña en los días duros.
En la noche del lunes pasado, cuando acabó el primer juego de la serie los Oklahoma City Thunder contra los San Antonio Spurs, me quedé un rato echado en el sofá. La adrenalina que me habían dado tres horas del mejor baloncesto posible escapaba lentamente de mi cuerpo. A medida que mi ritmo cardiaco se estabilizaba, todavía buscando las palabras para describir a ese fenómeno extraterrestre también conocido como Victor Wembanyama, empecé a pensar en lo que venía esta semana; era lunes festivo, así que la agenda de los cuatro días siguientes iba a estar recargada. Mientras repasaba en mi mente todos los pendientes —editar ese texto, responder ese correo, definir la fecha de esa reunión y prepararla, avanzar con ese proyecto, llamar a ese amigo—, en el rincón del estudio vi las pesas y el mat. Luego de una semana en la que había descuidado el ejercicio, pensé que, además de cumplir con todo lo me había propuesto, me levantaría temprano cada mañana para hacer ejercicio antes de ir al trabajo.
Hice ejercicio el martes por la mañana. El miércoles empecé, pero me di cuenta de que se me iba a hacer tarde para el trabajo, dejé las pesas y corrí a bañarme. El jueves no pude, tenía que alistar una entrevista. Escribo esto el viernes: hoy tampoco hice ejercicio. Cansado del trajín de la semana, me quedé leyendo en la cama tras despertar. Cuando me levanté, ya era hora de trabajar: de publicar el artículo del día, de responder correos, de editar los textos de la otra semana. Mañana, sin embargo, es el día: si no llueve, a las ocho estaré subiendo a Patios en bicicleta. Y el domingo, sea como sea, voy a hacer pesas, para que no llegue la noche y esté de nuevo en el sofá, después de ver el cuarto juego de la serie, contemplando las pesas oxidadas y el mat como un ítem más de mi lista que a veces no logro tachar.
En «Tengo que hacer algo», la tercera canción de su álbum Hasta mañanita si Dios quiere, Faena captura esta sensación de afán contemporáneo, de autoexigencia y la búsqueda de un balance sostenible a la vez que intentamos no descuidar nuestro trabajo, nuestras pasiones, nuestros amores, nuestra salud ni nuestra alma, sobre un trap suave y ágil, de $kyhook. Y aunque «Prefiero no ponerle nombre a esto», un R&B con la canaria Alberdi —sobre un beat sinuoso, seductor, de Spinhelli—, ha sido multiplatino en mi ducha y la combinación de los rapeos de Faena y N-Wise Allah con el beat violento, frenético, de Edac Selectah en «Y si no lo sabían, ya lo saben» provoca un incendio en mi interior, no hay ningún momento que me pegue más duro del disco que cuando, en «Tengo que hacer algo», Faenna rapea: «Todo estaría mejor si hiciera un poquito más de ejercicio».
Buscamos la receta exacta, los porcentajes que nos permitan optimizar nuestro tiempo, una fórmula eficiente que cumpla con parámetros que ya no sé si son propios o ajenos. Y, de todas formas, algo no encuadra, las piezas del rompecabezas no encajan del todo. «Un poquito más de ejercicio», rapea Faena. «Sí, solo un poquito más», le respondo yo.
Hasta mañanita si Dios quiere es, entre otras cosas, un ejercicio de malabarismo. La rapera del barrio Huelín, Málaga, narra cómo se trenzan sus inquietudes y sus alegrías: las certezas más profundas comparten terreno con las dudas sin que haya una respuesta clara a las contradicciones que van surgiendo. Acá también escuchamos las reflexiones ambivalentes de Faenna sobre la industria en la que busca construir un oficio. «Ambigüedad» la encuentra enfocada en desarrollar su carrera y «No toques mi alma con las manos sucias» presenta los contratos como esposas y a las disqueras como rémoras que negocian con tu alma. Aún así, en tanto todo cambia, Faenna recuerda la razón por la que entró a rapear, la misma por la que sigue rapeando hoy. Ninguna duda la detiene, ninguna convicción le impide reflexionar.
Luego de Julia y Manuel (2025), producido por Manu Beats, en Hasta mañanita si Dios quiere Faenna expande sus fronteras estilísticas hacia el R&B, el flamenco y distintas fusiones en las que se reflejan también sus ambiciones, sus convicciones, sus deseos: es una rapera pura, y esa pureza no limita sus pasos ni sus exploraciones. Dentro de una paleta diversa, el productor que más aparece en Hasta mañanita si Dios quiere es un Tensei One inspirado, que se encarga con tino de «No toques mi alma con las manos sucias», «Cuando no sepas qué decir di la verdad», «Ni por todo el dinero del mundo», «Me arrepiento de los errores que no cometí» y «Malas puñalás les den», un corte nocturno que late con la furia de una herida abierta, en el que Faenna se siente invencible y afilada. «Soy la mayor zorra que has visto en tu vida», afirma, y no tenemos como contradecirla.
Hacia el final de «Pa mí se queda», la apertura de Hasta mañanita si Dios quiere, Faenna deja de rapear y empieza a hablar. Sobre vientos eufóricos dispuestos por HipHorns y Sceno, la rapera malagueña esboza los contornos espirituales del álbum: «Pa’ mí se queda aquel momento en el que por un instante dejamos de intentar controlar el futuro. Nos conformamos con todo eso que sí podíamos tocar con las manos, y parecíamos eternos. Parecíamos eternos. En ese recuerdo se esconde mi esperanza». Hasta mañanita si Dios quiere busca ese mundo que se puede tocar con las manos, busca esos lugares, esas personas, esas emociones, esa materialidad en la que todavía se siente eterna. Decir Hasta mañanita si Dios quiere es aceptar que el futuro es incierto. Al mismo tiempo, a pesar de todo, es no tomarse tan en serio las bolas que están en el aire, aceptar que una que otra va a caer y levantarlas. Y a continuación, seguir buscando ese futuro.
Faenna se presenta en Bogotá este viernes 29 de mayo, junto a Soui Uno, en un concierto organizado por Big House Records. Hablamos con ella.
Me conmueve el final de «Pa mí se queda», cuando hablas de ese momento en el que parecía que tú y los tuyos eran eternos y podían tocar el futuro con las manos; dices que ahí se esconde tu esperanza. ¿Puedes contarme más sobre ese momento y cómo encuentras esperanza ahí?
Lo que quiero contar con esa pauta es que los recuerdos más nítidos que guardo son de momentos en los que estaba viviendo cien por ciento presente, sin intentar controlar el futuro ni el pasado. Cuando prestamos atención a lo que nos rodea y abrazamos esa sensación, perdemos la noción del tiempo, por eso digo que parecemos eternos. Parecemos niños de nuevo. Y, para mí, anclarme a esos recuerdos en los que estuve tan viva me hace darme cuenta de que, en verdad, a lo mejor nada es para tanto y que es una tontería sufrir por lo que ya fue o por lo que todavía no ha sido.
Dices en «Quiero un balcón lleno de flores» que «hay que hacer algo si quieres algo, pero, madre, no veas el trabajito que me está costando», y en «Prefiero no ponerle nombre a esto» hablas de que te «agobian las prisas, pero me mata la pausa». De alguna forma, desde el título del disco se anuncia esa ambigüedad de querer forjar tu futuro a medida que todo se torna tan incierto, ¿no?
Sí, totalmente. Los contratiempos y las dudas contra la ansia y las ganas. Hasta mañanita si Dios quiere para mí significa desistir de esta lucha. Como diciendo: lo que tenga que ser será.
En «Ambigüedad» hablas de que tienes la mente puesta en el oro y en el desarrollo. ¿Cómo se ha ido transformando tu mentalidad a medida que el rap se perfila más y más como tu oficio y un camino para ganarte la vida?
Antes veía la música como un pasatiempo y siempre la he hecho por amor al arte. Recuerdo la primera vez que toqué en Madrid y me di cuenta de que había bastante gente que me escuchaba. Ver a la gente cantando mis canciones me hizo entender que la música también podía ser una salida y que debía seguir ese camino. Cada vez me cuesta menos ver esto como un trabajo, aunque al principio me costaba. Y cada día tengo más ambición. Estoy puesta para esto veinticuatro siete.
Me encantó «Tengo que hacer algo». Aparte de todo lo que señalas ahí, ¿qué es algo que te toma tiempo y que tienes que hacer una y otra vez como rapera profesional que quizás la gente no imagina?
La música no es solo meterse en el estudio y dar shows. Ojalá. Hay mucho curro e inversión detrás de eso. Videoclips y todo lo visual, promoción, redes, organización, estrés, bloqueos, etc. Parece una tontería, pero a mí, por ejemplo, lo que más me cuesta es usar las redes sociales. Menos mal que no estoy sola y he contado con un equipo increíble para todo el proceso del álbum. Igualmente esta es la vida que elegimos, así que no podemos quejarnos demasiado.
A propósito de los cortes de R&B en este disco, de tus raperos o raperas favoritos, ¿quién te gusta cómo juega con el R&B?
Lauryn Hill siempre fue de mis favoritas.
Has dicho que en este disco podemos escuchar a una Faenna más arriesgada. ¿Por qué?
Porque me salgo un poco de los moldes y del sonido en el que me sentía encasillada. Juego con ritmos nuevos y melodías. Me apetecía experimentar y mostrarme versátil. Hacer y soltar lo que me diera la gana.
En «No toques mi alma con las manos sucias» hablas de la industria musical, de cómo negocian tu alma y de cómo los contratos son esposas. ¿Cómo haces para no olvidar la razón por la que estás aquí y qué ha sido lo que más te ha sorprendido de las formas en que negocian con tu alma?
La industria trata de moldearte. A mí me han llegado discográficas proponiendo cambiar mi sonido y mi estética. Es difícil mantenerse fiel a uno mismo en una industria repleta de intereses y caretas. La forma que tengo de recordarme por qué hago lo que hago es mirando al pasado para no soltar de dónde vengo. Así me aclaro hacia dónde quiero ir cuando se me olvida. También es importante para mí pasar tiempo con mi gente, en mi sitio. Esto me mantiene con los pies en la tierra y me recuerda quién soy.
¿Cuál era esa razón por la que estabas aquí cuando empezaste y cuál es hoy?
Hacer música por amor para el que se sienta identificado. Dejar un mensaje que no muera mañana, por si me muero mañana. Sigue siendo la misma razón con la diferencia de que esto ahora es también lo que me da de comer.
Para contrastar, ¿hay alguna buena experiencia o buena persona que hayas conocido en la industria musical que puedas resaltar?
Por supuesto. Me llevo un montón de amistades y de aprendizajes. Estoy conociendo a personas increíbles, que me inspiran y que tienen mucho talento. Y con eso me quedo. También con lo bonito que es que lo que hago pueda llegarle a tanta gente e inspirar de igual manera.
¿Cuáles son algunas de tus barras favoritas del flamenco? Es decir, versos que tú digas esto podría ser una barra de un súper tema de rap sin problema.
Hay muchísimas. A mí me encanta una letra que Camarón cantaba: «Salud antes que dinero / Yo le estoy pidiendo a Dios / Aunque me tenga que ver / Lo mismo que un pordiosero / Pidiendo pan pa’ comer».
En «Cuando no sepas qué decir, di la verdad» es muy potente la parte de «No doy abasto, con esto de las redes y los clones, de disparos, genocidios y gobiernos que se oponen / Y me siento una egoísta hablando de mí mientras el globo arde». ¿Cómo piensas tu rap en relación con la sociedad de la que haces parte? ¿Cómo te respondes a esa pregunta del egoísmo que sientes cuando hay tanto dolor a tu alrededor?
Yo hablo de lo que me toca, de lo que veo y de lo que vivo. A veces me siento egoísta teniendo en cuenta que el mundo está feísimo, y me frustra sentir que no se puede hacer nada al respecto. Corren tiempos difíciles. Creo que todos estamos obsesionados con nosotros mismos. Todo el mundo está pendiente del autoanálisis y cómo nos vemos desde fuera, pero nadie mira fuera. Y así es imposible conocerse. Al sistema le conviene que así sea para que todos estemos distraídos y nadie proteste. Es difícil salirse del saco, pero al menos intento ser consciente.
Aparte de que sea una figura enorme en el rap español, imagino que la colaboración con Delaossa debe ser especial al ser ambos de Málaga. ¿Quiénes han sido esas figuras del rap de tu ciudad que te mostraron un camino posible desde allí para crecer en el rap?
Málaga siempre se ha mantenido fuerte en la escena. Si miro pa’ atrás me han marcado Triple X, el rap kinki de mi barrio. También Hablando en Plata, Elphomega, han sido muy importantes para generaciones posteriores. Delaossa significa mucho para el rap malagueño, mis chavales y yo lo hemos escuchado mucho. Foyone, por ejemplo, también ha sido muy importante para los chavales de mi quinta y a mí me ha inspirado mucho su música. En el under Hide Tyson, Sokez, el Sof me dieron la mano cuando empecé y a ellos siempre los he respetado un montón. En general, en Málaga siempre hubo figuras que me motivaron.
Dices ahí también que haces terapia escuchando un disco de Kendrick. ¿Cuáles son esos discos o esos artistas que hacen de terapeutas para ti?
Tengo muchos, uno para cada problema que cargo. Este último año la música de Cleo Sol me ayudó con la ansiedad.
¿Cómo fue el trabajo con Tensei One? ¿Qué te gusta de sus beats?
Fue increíble. La verdad que nos entendemos muy bien y creo que congeniamos bastante. Me vuelven loca sus ritmos, él es un máquina haciendo lo suyo y se me hace muy fácil trabajar con él. Tiene mucho gusto para los samples y un sonido muy clásico que a mí me representa mucho y nos hacía falta en el disco. Además, ha surgido una amistad muy guapa y le he cogido mucho cariño a raíz de juntarnos para el álbum. Es muy puro.



