Andariega: el caminar de Briela Ojeda
La cantautora nariñense presenta el próximo jueves 22 de mayo en la ciudad de Medellín su segundo álbum de estudio. Un viaje entre la feminidad, la espiritualidad y la palabra.
En la introducción de “La guerra no tiene rostro de mujer” (2015), la periodista Svetlana Alexiévich escribe que, tras entrevistar a centenares de soldados que lucharon en el frente soviético en la Segunda Guerra Mundial, notó que en las mujeres se mantenía la idea de la muerte, pero con una visión diferente a la de los hombres: “Y aún más insoportable es tener que matar, porque la mujer da la vida. La regala. La lleva dentro durante un largo tiempo, la cuida. He comprendido que para una mujer matar es mucho más difícil”. Por eso, a lo largo del libro, los testimonios de las combatientes están llenas de vida entre tanta muerte, llenas de quietud. Algunas se detenían a ver siervos. Otras lloraban la muerte de hijos ajenos. Hubo una que lamentó el sufrimiento de un pez y muchas otras detenían la tragedia del tiempo cantando.
Para la cantautora nariñense, Briela Ojeda, como para la escritora, está claro que la experiencia femenina tiene una relación estrecha con la creatividad. “Siento que es una manera diferente de crear. Es mucho más desde manipular los hilos invisibles y ser vasija para recibir. La energía masculina es más de hacer y buscar, pero en nosotras hay una vaina muy sutil del poder de las palabras, de la voz, que hace espacio. Es mediante otras maneras de accionar diferentes al estar bajo control, nace de una parte metafísica. Cuando tú simplemente estás dispuesta, dices ‘sí’ a la vida y las puertas se abren de una manera muy loca. Ese sí a la vida es muy femenino. Nosotras ya lo tenemos porque estamos constantemente creando desde esta vasija uterina”.
Su segundo álbum, Andariega, publicado el pasado 2 de abril, es la prueba de esa apertura con todos sus matices. Ya no solo es la mujer que se deja llevar por la corriente del mar sin soltar el ancla, ahora reconoce lo que esconde su sombra. “Ay de mí” es la prueba de ello: en la canción que abre el disco, abraza explícitamente su crueldad, la maldad que la habita y el demonio que la aguarda en el interior. Pero también, en “Lúcida” y “Corazón de miel”, deja entrever la madurez que ha ido desarrollándose tras treinta años de vida.
“Lúcida en mi soledad, cálida en mi decisión
Sólida aunque repartida en aguas de mi rendición
Que aunque no muera otra vez habrá que renacer”.
Hay multiplicidad en ella, dimensiones que se hacen más evidentes y que expresan la necesidad de narrarse, por eso la relevancia de la palabra.
“Creo que ‘Abrakadabra’ era la canción que quería jactarse un poco, reforzar mucho el hecho de que me gusta mucho jugar con las palabras y que hay algunas que me generan una fijación extraña más allá de su concepto: por su manera de fonar. Fue la canción que hablaba sobre apropiarme mucho de mis maneras, de lo que he construido, y elaborar también basándome en eso. Estoy entregando información a las personas y hay que hacerse responsable de eso, de lo que una está evocando. Sí que le entrego muchísimo valor a la palabra. Me parece muy bonito el hecho de una estar pudiendo sacar energías como un dragoncito, van saliendo las palabras como fuego. Dicen allá en la Sierra que la palabra calienta o quema. Es muy poderosa. Ser consciente de eso te hace más poderoso”.

“Para mi arte visionario de palabras fraccionarios
Que hacen de mi dislexia un popurrí.
Mi palabra será mi soberanía
Pero al tener telepatía me permito que sea mía
Toda libertad al palabrear
Y en silencio reclamar mi epifanía”.
Una de las maneras en las que Briela manifiesta esa consciencia sobre el poder de la palabra es “Andina”, un homenaje a las montañas que atraviesan el territorio continental y que funciona como una ofrenda al Sur, tierra que le ha dado gran parte de su identidad.
“Yo le agradezco al Sur que me conectó con el misterio, le dicen el Gran Misterio y es simplemente la gran pregunta, el confiar. Claro que hay mucha cosmología andina porque hay mucha cosa muy hermosa, y esa magia que me da Nariño no la he encontrado en otro lugar, en ninguna otra doctrina. Yo le debo mucho aire, le debo enseñanzas del volcán, le debo humillarme y bajarme a la tierra. Eso lo amo, lo celebro, tenía que cantarlo de vuelta. Hay algo de ser andina, de tener toda esa identidad, que quería que la gente pudiera vivir aún sin estar ahí”.

Esa relación del cuerpo con los elementos que la atan a la raíz se hace más evidente en la canción “La cara de la ortiga”, que describe un viaje espiritual impulsado por medicina ancestral. En él, se encuentra “chumada”, buscando despojarse de sus miedos y soltándose al gran misterio. Allí, encontrándose frente a una divinidad con forma de árbol, el aire se siente como miel, los colibríes habitan su espacio. Una imagen maravillosa es retratada por su suave voz que despierta el deseo de conocer la tierra prometida con urgencia. Un respiro al corazón de quien la escuche.
“Ombligo raíz de mí, ombligo me celebro aquí.
Sublime souvenir, sublime su venir aquí”.
Para Briela, no solo es importante el suelo al que se ancla sino también el poder llevar a sus espaldas la casa. “Andariega”, la canción homónima que cierra el álbum, trata sobre poder hacer de su alma un espacio habitable desde cualquier lugar en el que se encuentre.
“Y en donde sea que encuentres nobleza
Y ahí anclas tu voluntad
Y en donde sea que encuentres certeza
Y ahí anclas tu voluntad”.
Ya no se trata solamente de la relación que comparte consigo misma, sino con el afuera. Sus amigas hacen parte fundamental de ella.
“Me siento orgullosa de tener a esas mujeres en mi vida. Tener a estas amigas que también se pueden abrir profundamente su corazón, su alma, sus tripas y disponer de su vida para tejer con su pasión e intentar cumplir algún tipo de objetivo que sea coherente con su lucha y que pueda generar algún cambio cultural en su ambiente, en su nicho, en su familia, es muy inspirador.
Con Lalo siento que de repente tenemos unos discursos parecidos y de pronto en El Avispero podemos habitarlos más pero yo siento que nuestra conexión es muchísimo más musical. Juntas perdimos el examen de admisión para pasar a Música, ahí nos conocimos. Desde ese momento empezamos a construir una telepatía musical diferente, muy desde la música y el canto, los matices, todo el aire con Lalo está muy amalgamado, estamos fusionadas.
Con Isa [La Muchacha] tenemos una exploración de amistad más larga. Nuestra historia musical la estoy haciendo ahora y la estoy viviendo recientemente, de maneras retadoras. Nuestras voces están casi que en el mismo rango, son vocezotas. Eso hace que tengamos que buscar distribuciones de la voz para complementarnos”.
Andariega centra su concepto en el hogar que carga Gabriela a sus espaldas como una mochilita. También funciona como tributo a otras aventureras que, como ella, no han temido a explorar su creatividad, dando como resultado álbumes tan dinámicos que pueden ir desde la balada hasta el bossa nova. Andrea Echeverry, con quien Briela planeaba colaborar para la canción más rockera del disco, “Quién va a cuidar”, es una de ellas.
Este nuevo disco continúa el ciclo que se había abierto con “Templo Komodo” (2021) y abre paso a un nuevo camino en el que deja un rastro azul de pies descalzos: una ruta para quienes quieran atreverse a ver demonios, andar con colibríes y endulzar el corazón junto a Briela Ojeda.







